Cuando llegamos a un terreno en Lo Prado con la retroexcavadora, lo primero que evalúa el operador es el espacio de maniobra y la cercanía a medianeros. No es lo mismo abrir una calicata en el sector plano de Blanqueado que en las laderas más próximas al cerro. La máquina excava hasta 4 metros, dejando paredes verticales estables para que nuestro geotecnista baje con arnés, tome muestras alteradas y mida la cohesión del suelo in situ. En esta comuna del sector norponiente de Santiago, con una población que supera los 96 mil habitantes y suelos sedimentarios finos de la cuenca del Mapocho, la calicata exploratoria permite ver la transición entre relleno antrópico y depósitos naturales en menos de una jornada. Complementamos a menudo con un ensayo de penetración estándar cuando el perfil es demasiado profundo para el alcance de la pala, o con límites de Atterberg para caracterizar la plasticidad de los estratos arcillosos que aparecen a poca profundidad.
En suelos finos de la cuenca de Santiago, una calicata bien ejecutada entrega más información estratigráfica que dos sondajes mal ubicados.
