En Lo Prado la diferencia entre un relleno que se asienta y uno que queda firme por décadas se nota apenas cruzas de un sector a otro. Mientras que en las cercanías de Blanqueado el suelo tiende a ser más granular y de buen drenaje, avanzando hacia los terrenos próximos a la Ruta 68 el material se vuelve más fino y limoso, con una respuesta completamente distinta al agua. Por eso, cuando hablamos de control de compactación, el ensayo Proctor no es un trámite: es la brújula que define cuánta energía necesita tu suelo para alcanzar la densidad que el proyecto exige. En nuestro laboratorio, acreditado bajo ISO 17025, determinamos la relación densidad-humedad con la precisión que demandan las obras en una comuna donde la napa freática superficial puede jugar malas pasadas si no se controla bien la compactación.
Un control de compactación sin Proctor es como construir en Lo Prado sin considerar la napa: tarde o temprano el suelo te pasa la cuenta.
