Ubicada a 465 metros sobre el nivel del mar y con una población que supera los 96 mil habitantes, la comuna de Lo Prado se despliega sobre la cuenca aluvial poniente de Santiago, donde los sedimentos finos del río Mapocho alternan con depósitos de ceniza volcánica. Tras el terremoto de 2010, cuya aceleración máxima dejó en evidencia la vulnerabilidad de los suelos mal clasificados, la exigencia normativa local se intensificó: hoy ningún proyecto de mediana o gran envergadura en Lo Prado puede prescindir de un perfil de clasificación sísmica respaldado por el ensayo MASW. La medición de la velocidad de ondas de corte en los primeros 30 metros, conocida como VS30, se ha convertido en el estándar de referencia para ingenieros estructurales que diseñan desde viviendas sociales en Villa Santa Anita hasta conjuntos habitacionales en el entorno de la Autopista Central. El equipo de prospección despliega arreglos lineales de geófonos de 24 o 48 canales sobre el terreno, capturando la dispersión de las ondas superficiales Rayleigh para invertir el perfil de rigidez sin necesidad de perforaciones profundas. La combinación del método MASW con un ensayo de penetración SPT permite contrastar la velocidad de corte con la resistencia a la penetración estándar, afinando la respuesta sísmica local en zonas donde la estratigrafía cambia en pocos metros de distancia.
Conocer el VS30 real de un terreno en Lo Prado puede significar la diferencia entre diseñar con un coeficiente sísmico conservador o enfrentar sobrecostos estructurales innecesarios.
